Asociación ACCAM

MEDIO CENTENAR DE PROFESIONALES DEL ÁMBITO EDUCATIVO PARTICIPAN EN MÁLAGA EN UNA JORNADA DE SENSIBILIZACIÓN PARA EL PROFESORADO ORGANIZADA POR ACCAM 

El evento forma parte de una serie de jornadas de sensibilización y formación para profesionales sobre las personas menores acogidas en el sistema de protección en Andalucía y pone el broche final a los actos de conmemoración del 25 aniversario de ACCAM.

A esta jornada de sensibilización, celebrada el pasado jueves en el Salón Actos de las Reales Cofradías Fusionadas de Málaga, acudieron cerca de medio centenar de profesores y profesoras de centros educativos de Málaga y su provincia, movidos por el interés por conocer un poco más la realidad de los niños, niñas y adolescentes acogidos en los centros de protección de menores. Profesionales del sistema de protección, la educación, la psicología y un joven ex-tutelado, actualmente educador social, aclararon algunos conceptos, desmontaron mitos y dieron herramientas para aplicarlas en el día a día en las aulas. 

Jesús Ángel Sánchez, Director del Hogar de San José de la Montaña de Málaga y Vocal de ACCAM en la provincia malagueña fue el encargado de moderar el acto en el que participaron Antonio Narváez, Responsable de la Oficina del Menor en Málaga; Virginia Artacho (Religiosa Filipense) Presidenta de ACCAM y Dtra. del Hogar Buen Pastor de Córdoba; Raquel Hurtado, psicóloga en el Hogar San José de la Montaña de Málaga y José Antonio Rosa, joven ex-tutelado y educador social.

Uno de los objetivos principales de esta jornada de sensibilización era desmontar algunos mitos y aclarar algunos conceptos relacionados con el sistema de protección en Andalucía. Hay mucho desconocimiento y confusión entre los centros de protección y los centros de internamiento de menores, ambos son centros de menores pero son completamente distintos. 

Antonio Narváez, como personal del Servicio de Protección de Menores en Málaga, fue el encargado de explicar algunos conceptos y ofrecer algunos datos. “Las personas menores que están acogidas en el sistema de protección llegan porque se ha producido una situación de desamparo, hay una incapacidad parental para hacerse cargo de ese niño, niña o adolescente. En el sistema de reforma el objetivo es corregir la conducta de un/a menor que ha cometido un acto delictivo”. Y aclaró que el procedimiento de declaración de desamparo es un procedimiento administrativo y es diferente a lo que pasa, por ejemplo en Estados Unidos donde es un juez el que declara el desamparo de un/a menor”. 

Según el censo 2024, en Andalucía hay 5.269 menores en el sistema de protección. “Hemos observado que esta cifra sube año tras año. A partir de 2022 ha ido subiendo paulatinamente, sobre todo, en Málaga”. 

En Málaga hay 973 personas menores tuteladas, 315 en acogimiento residencial y 528 en acogimiento familiar (239 (46%) familia extensa; 286 (34%) familia ajena). 

Antonio Narváez destacó la importancia de tener en cuenta la opinión del menor a la hora de tomar una medida y de tomar decisiones lo más rápido posible, sobre todo, en el tránsito a la vida adulta, “para reintegrar a un menor tenemos que estar seguro que no va a volver al sistema. Nuestra primera prioridad es el acogimiento en familia extensa, si no en la ajena y si no en acogimiento residencial. La medida definitiva es la adopción”

Para Virginia Artacho, por su experiencia como docente desde hace años y Directora de un Centro de Protección de chicas adolescentes en Córdoba,”la coordinación entre el Hogar y el centro educativo tiene que ser muy potente. Estos niños tienen que saber que no están solos. Tiene que ser una colaboración estrecha para que vayan a cumpleaños o a las fiestas de fin de curso”. 

El profesorado tiene que tener paciencia y capacidad de empatía con estos niños y niñas ya que, en algunos casos, “conseguir que se levanten todos los días para ir a clase ya es un logro”. Y abogó para que se tenga en cuenta que estos chicos y chicas, por lo que han vivido, tienen necesidades educativas especiales.

Una mochila emocional que dificulta el aprendizaje.

Una parte fundamental que debe conocer el profesorado es cómo repercuten las situaciones traumáticas que viven estos chicos y chicas en su rendimiento académico y cómo viven estos menores su día a día en las aulas. Cuando van al colegio o al instituto llevan una mochila, no sólo física sino también emocional. 

Raquel Hurtado lleva años trabajando, día a día, con menores del sistema de protección como psicóloga y orientadora educativa. Comenzó su intervención destacando las diferencias entre un trauma puntual resultado de un único evento como puede ser un accidente de tráfico, una catástrofe natural o una muerte repentina y el trauma complejo, que es el que afecta a gran parte de las personas menores acogidas en el sistema de protección. Este está provocado por situaciones de negligencia, abusos y/o abandono por parte de sus progenitores. 

“El cerebro de un niño sufre cambios neurológicos cuando está expuesto a situaciones traumáticas o experiencias adversas continuadas. El corte frontal resulta alterado por la inundación de cortisol (la hormona del estrés), también se ve alterado el funcionamiento de la amígdala y el hipocampo. Todo esto afecta a los recuerdos, a la memoria y al aprendizaje” indica la psicóloga. 

“Estos niños tienen la sensación, continuamente, de estar amenazados. Cuando estamos en modo de supervivencia lo menos que te interesa es aprender. Para hacer bajar ese estado de alerta hace falta tiempo porque están en modo de amenaza”.

Para Raquel es importante que el profesorado conozca y sea consciente de que los traumas que cargan estos chicos y chicas condiciona su estado emocional y su rendimiento educativo. “A nivel emocional vienen muy rotos. Hay una desconexión emocional y conductas disruptivas. Tienen una autoimagen lesionada y una autoestima complicada. No han tenido referentes que le puedan guiar. Se dicen continuamente, “yo no puedo, no voy a ser capaz”.  

Y continuó exponiendo las emociones y sensaciones que llevan consigo estos menores. “Tienen un apego ambivalente, muy desorganizado. Llegan con la sensación de haber sido abandonados y se defienden continuamente de ese abandono. Esto provoca actitudes desafiantes y en otras ocasiones de dependencia de algún profesor/a. Lo que tenéis que preguntar como sus profesores es: ¿Qué es lo que necesita y cómo podemos ayudarlo?”.

También analizó el papel que tienen estos niños, niñas y adolescentes en relación con sus iguales en clase: “están muy preocupados por el grupo. A veces quieren destacar. Hay otros que son demasiado sumisos”. Y ofreció algunas herramientas como “identificar qué necesidades tiene el menor, crear un contexto seguro, que los adultos sirvan como regulador emocional, darle un apoyo educativo,  ir poco a poco y permitirles errar”. 

Etiquetas que duelen más que las heridas. 

José Antonio Rosa, educador social, compartió su testimonio como ex-tutelado del sistema de protección contando cómo vivió su etapa escolar. Aportó algunas reflexiones sobre lo que es necesario tener en cuenta, por parte del profesorado, a la hora de tratar con estos chicos y chicas en el aula. 

En una intervención muy amena y emocionante, José Antonio, se dirigió a los profesores y profesoras asistentes valorando su papel y el trabajo que hacen cada día. “La palabra maestro viene del latín magíster, que significa “guía” y eso sois para mucho de nosotros, un guía, sobre todo cuando llegamos a los 18 años. Tenéis, además, el don de la palabra y es una herramienta que podéis utilizar en positivo. No es lo mismo decir “este niño es conflictivo, ya es mayorcito, que espabile” a decirle, “estoy aquí, no estás solos”. Ahí es cuando empieza la revolución educativa”. 

Dedicó un momento para hablar de esos mitos, estereotipos y etiquetas que condicionan mucho la imagen que tiene la sociedad y en este caso, la comunidad educativa, sobre los niños, niñas y adolescentes tutelados. “Las etiquetas que te ponen se acaban convirtiendo en tu propia identidad y eso duele más que las heridas”.  Y añadió, “creces constantemente creyéndote que no vales”. 

Para José Antonio lo más importante en la escuela es el saber acompañar, es ser copiloto, el que te guía por dónde ir, el que te dice, “no pasa nada, vamos a aprender del error”.

“Para el profesorado no resulta fácil – reconoció José Antonio- porque tienen que ceñirse a unos criterios de evaluación, a unos resultados de aprendizaje. Pero hay que atender a la singularidad, hay muchos niños con problemas de aprendizaje y entre ellos están los niños y niñas del sistema de protección”. 

Es importante distinguir entre “lo que uno quiere y lo que uno necesita” tanto por parte del menor como por parte del profesorado. Para José Antonio hay una diferencia clara entre que un profesor o profesora quiera saber la historia de ese niño o saber qué es lo que necesita. Eso es fundamental para poder ayudarle y acompañarle durante sus años escolares.